Turismo industrial. Parece sencillo de definir y, al mismo tiempo, muchos creerán que es una incongruencia. El turismo industrial es el turismo en empresas e industrias, ya sea en activo o históricas.

Podemos hablar, por tanto, de dos tipos de turismo industrial: el que se lleva a cabo en industrias vivas, en activo, conociendo su proceso de elaboración, su actividad diaria, sus productos y sus procesos; y el que se lleva a cabo en torno al patrimonio industrial. En este segundo caso, el turismo industrial permite conocer cómo fueron esas industrias, cómo afectaron al desarrollo de su entorno, su actividad económica y sus tradiciones…

En definitiva, el turismo industrial es un paso más allá en el concepto de turismo. No se trata solo de visitar lugares, de conocer gente, de mirar al pasado o de imbuirse en tradiciones. El turismo industrial es un turismo cultural, que permite profundizar más en la economía de una región, en su historia, sus tradiciones y su evolución a nivel más amplio, más complejo.

Es un turismo para quienes no se conforman con ver, para quienes se preguntan el porqué de las cosas, para quienes analizan las causas y las consecuencias, para quienes una experiencia completa y no se conforman únicamente con los resultados o con lo que está al alcance de todos. El turismo industrial es turismo en estado puro, ya que conlleva una experiencia única y diferente para cada persona, además de un crecimiento personal.

En cualquiera de sus dos modalidades, el turismo industrial llevará a quien lo experimente un paso más allá, impulsando su curiosidad, su ansia de conocimiento y afectando a su forma de ver la vida.



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