Si bien cuando pensamos en patrimonio industrial solemos pensar en elementos como fábricas, talleres de artesanía, museos específicos, puertos, ferrocarriles, minerías y otros lugares similares, lo cierto es que el patrimonio industrial es mucho más extenso.

Al igual que los faros, de los que hablamos en su día en este mismo blog, hay otros muchos elementos que también forman parte de nuestro patrimonio industrial y que, si bien son partes importantes de la historia y evolución industrial de su zona, no acuden tan rápidamente a nuestra mente y son bastante más desconocidos o considerados “menos importantes”. Nada más lejos de la realidad, sin embargo.

De entre ellos, hoy queremos hablaros de otro de esos elementos del patrimonio industrial “menos conocidos”: las chimeneas. Sí, habéis leído bien, hoy vamos a hablar de chimeneas como uno de los elementos de relevancia de nuestro patrimonio industrial y que, de hecho, conforman varias rutas de turismo industrial en nuestro país.

Una de esas rutas es la ruta “entre chimeneas” de Molina de Segura, en Murcia. Durante el siglo XIX y casi la totalidad del XX, la actividad molinera fue predominante en esta población murciana y, aún hoy, son testigo de ello las chimeneas de varias de las fábricas que entonces estuvieron en funcionamiento. Son siete, en concreto, las que aún se conservan: cinco pertenecientes a empresas conserveras y las otras dos, de fábricas auxiliares.

En todo caso, Molina de Segura no es la única población que cuenta con una ruta de patrimonio industrial dedicada íntegramente a las chimeneas. Otro buen ejemplo es la población alicantina de Ontinyent. Entre las diferentes rutas turísticas que impulsa el ayuntamiento, encontramos la llamada “Ruta de las Chimeneas de Ontinyent” que articula todo un itinerario urbano a través de las chimeneas fabriles de la población bajo el lema “Una mirada a la ciudad en vertical”.

En el caso de Ontinyent, se conservan actualmente una docena chimeneas de entre la veintena de chimeneas que se tiene constancia que llegaron a existir, las más antiguas de las cuales datan de principios del siglo XIX. Así, podemos contemplar tres chimeneas pertenecientes a fábricas de cerámicas, una correspondiente a una alcoholera, dos a fábricas de papel y seis a la industria textil.

Son solo dos ejemplos de rutas de patrimonio industrial articuladas en torno a las chimeneas. Gracias a ellas, y a tantas otras que existen en otros puntos del país, podemos conocer mejor estos elementos del desarrollo industrial, sus características, las fábricas a las que ayudaron a dar vida y un buen puñado de historia y de datos sobre la economía local de los territorios que las albergaron y que, aún hoy, las muestran orgullosos.



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